La creación de los Misioneros de la Misericordia por el Papa Francisco en 2016 no fue una ocurrencia puntual. Su labor de hacer accesible y concreto el perdón infinito de Dios continúa y su número ha seguido creciendo poco a poco en todo el mundo, hasta situarse hoy en más de 1.258 sacerdotes especialistas en llevar hasta los corazones más rudos la ternura de Cristo.
El P. Omar Osiris es uno de ellos. Fue instituido como Misionero de la Misericordia en 2018 y trabajó en el Dicasterio para la Evangelización del Vaticano coordinando actividades para otros misioneros en todo el mundo. Hoy, su misión se desarrolla directamente en México, donde se ha convertido en un instrumento de reconciliación para sacerdotes y laicos.
“Nuestro servicio está enfocado en perdonar los pecados reservados al Santo Padre”, explica a ACI Prensa el presbítero.
En efecto, estos misioneros tienen la facultad de perdonar ciertos pecados graves que, normalmente, están reservados sólo a la Santa Sede.
Entre estos se incluyen: ordenación no autorizada de un obispo (tanto el que ordena como el que es ordenado); profanación de la Eucaristía (sacrilegio contra el pan y el vino consagrados); violación del secreto de confesión por parte de un confesor; apostasía, herejía o cisma (rechazo o abandono de la fe católica) o conspiración o violencia contra el Papa.
Antes del 2016, para que un sacerdote pudiera ser absuelto de estos pecados graves, debía iniciar un trámite con la Penitenciaría Apostólica, lo que podía tardar meses y comprometía su confidencialidad.