El Papa Francisco invitó a los fieles reunidos este domingo en la Plaza de San Pedro a no estar tan “atentos a las apariencias” y, en vez de ello, preocuparse por el “cuidado de la vida interior” dedicando tiempo al Señor y a su Palabra.
“Tantas veces estamos muy atentos a las apariencias, lo que nos importa es cuidar bien nuestra imagen, dar una buena impresión ante los demás. Pero Jesús dice que la sabiduría de la vida está en otra dimensión: en cuidar aquello que no se ve, pero que es más importante, cuidar el corazón. El cuidado de la vida interior”, indicó durante el rezo del Ángelus este 12 de noviembre.
Ese cuidado, explica Francisco, “significa saber detenerse para escuchar el corazón, atender los pensamientos y los sentimientos”, dando espacio “al silencio, para ser capaces de escuchar a nosotros y a los demás”.
“Significa saber renunciar al tiempo pasado delante de la pantalla del teléfono para mirar la luz en los ojos de los demás, en el propio corazón, en la mirada de Dios hacia nosotros. Significa, no dejarse atrapar por el activismo, sino dedicar tiempo al Señor, a la escucha de su Palabra”, agrega.
En el rezo del Ángelus de este domingo, Francisco reflexionó sobre la parábola de las diez vírgenes, que se encuentra en el Evangelio según San Mateo, en el capítulo 25, versículos 1 al 13. En esta parábola, Jesús compara el Reino de los Cielos con diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo.
Cinco de estas vírgenes eran prudentes y llevaron aceite extra para sus lámparas, mientras que las otras cinco eran necias y no llevaron aceite adicional. Las que tenían suficiente aceite en sus lámparas pudieron encenderlas y acompañar al esposo a la fiesta nupcial. Sin embargo, las que no tenían suficiente aceite tuvieron que ir a comprar más, y mientras tanto, el esposo llegó y las que estaban preparadas entraron con él a la fiesta, y la puerta fue cerrada.